Hace unos días que la acabe de leer. Hacía tiempo que una compañera me la había recomendado. Me había dicho que estaba muy bien y que además el entorno de la novela era Gijón y mencionaba muchas cosas de mí ciudad como la fábrica de sombreros que había en mi barrio. Cuando abrí el libro ,no solo me sumergí en la historia de su protagonista, sino que, sin querer, comencé a caminar por los recuerdos. El barrio, y la época, donde ella vivía, no era ajeno para mí. Lo conocía a través de las palabras de mi abuela. La época en que transcurre la historia era contemporánea a la juventud de mi abuela, me emocionaba al encontrar entre líneas algunos ecos de su vida. Leer este libro fue como encontrar una rendija en el tiempo. A través de la protagonistas, vi a mi abuela por esas calles, pasar por hechos parecidos y también vi la misma fortaleza callada de quienes vivieron aquella etapa de la historia.
En este libro las protagonistas son las mujeres. Unas mujeres luchadoras, que no se asustan ante las dificultades que se les imponen. La autora no deja sin tocar el machismo, maltrato, homosexualidad, represión femenina por parte del marido o padre, y también la igualdad de las clases sociales.
Gijón, verano de 1929. Con apenas diecisiete años, Manuel entra a trabajar como criada en la mansión de los marqueses de Armayor. Rodeada de un lujo que contrasta con la pobreza de su aldea natal, la joven conocerá la arrogancia y el desamor, pero también el arte de la costura, al tiempo que entablará una amistad inquebrantable con la única heredera de la familia. Alexandra.
Años después , y pese a pertenecer a mundos muy distintos, su amiga será su mayor apoyo cuando la Guerra Civil obligue a Manuel a separarse de su hija Telva, enviada a Rusia junto con otros niños de la zona republicana, y también cuando intente recuperarla décadas más tarde, aunque para ello deba arriesgarlo todo.
La añoranza de Telva, un destino en ocasiones desalmado y una gran historia de amor marcarán la vida de Manuela. Una vida que se extenderá a lo largo de un siglo convulso y lleno de contrastes, magistralmente reflejado por Ana Lena Rivera en las páginas de esta novela que se lee con emoción.
Frases de La niña del sombrero azul
"En montmartre se sentaron en una terraza descansar, aprovechado que llevaba toda la mañana sin llover, y les llamó la atención una joven que le daba el pecho a su bebé sentada en una de las mesas del café"
"El conductor que la atropelló venía de tomar unos vinos con sus compañeros de trabajo, como tenían por costumbre hacer dos o tres veces por semana antes de volver a casa; así daban tiempo a sus mujeres para prepararles la cena después de bañar y acostar a los niños"
"Yo soy viuda, pero usted está casado. -Eso es diferente. La ley es acorde a la naturaleza humana. Yo soy hombre y, como tal, el adulterio no tiene gravedad alguna"
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